Seguros – Cultura de previsión en México

En México existe una realidad lamentable en cultura de previsión. Existe una falsa sensación de seguridad: el típico “a mí no me va a pasar” o “es muy difícil que suceda”. O peor aún, una de las frases más destructivas de nuestra cultura, el pensamiento de que si nos sucede, “Dios proveerá”.

Por eso mismo, muchas personas dejan sus activos, por ejemplo su casa o a su familia sin ningún tipo de protección. Las consecuencias de ello pueden ser desastrosas. Todos los años vemos tragedias en nuestro país relacionadas con desastres naturales, en distintas comunidades, que causan severos daños patrimoniales, desde huracanes a terremotos, como el ocurrido en la ciudad de México en 1985, que dejó a muchas personas y empresas en bancarrota.

Sin embargo, hay muchos otros riesgos que pueden tener consecuencias muy severas. Uno de ellos es la responsabilidad por daños que podamos causar a terceros, ya sea por nuestra actividad, por un producto que fabricamos o incluso por daños causados al medio ambiente. Un simple goteo de aceite en una máquina puede generar una contaminación en el suelo que cueste mucho trabajo y dinero, limpiar. Poca gente sabe que existen seguros especializados de responsabilidad medioambiental que pueden cubrir esa contaminación, aun cuando se haya dado de forma paulatina, que suele ser una exclusión en las pólizas de responsabilidad civil general.

Seguros nos da protección y certeza

Muchas veces se dice que el seguro no sólo es un mecanismo de transferencia de riesgos: también nos ayuda a financiarlos. A través de pagos programados — la prima del seguro — de los cuales tenemos certidumbre y que podemos integrar a nuestro presupuesto, es posible manejar eventos inciertos que de presentarse pueden tener consecuencias catastróficas para nuestro bolsillo. En otras palabras, cambiamos esa incertidumbre por una certeza en forma de pagos pequeños y periódicos.

Existe una serie de mitos que rodean a los seguros, que muchas veces funcionan como “pretextos” para no adquirir la protección que necesitamos. En esta serie de artículos hablaremos de algunos de los más importantes.

Mito 1. Los seguros son muy complicados de entender y las letras chiquitas limitan mucho la cobertura.

Es curioso: desde hace muchísimos años (más de 10), las letras chiquitas han dejado de existir. Por el contrario, por ley, las exclusiones en una póliza de seguros, es decir, lo que no cubre, se incluye en un tipo de letra más grande, y en negrillas, para que destaquen ante la vista del lector.

Adicionalmente, algunas compañías 
—no todas — han hecho esfuerzos por crear productos cada vez más claros y fáciles de leer para la persona promedio. Buscan aclarar en lenguaje coloquial qué es lo que cubren y lo que no.

La razón es que aunque parezca mentira, la falta de claridad va en contra de las propias aseguradoras. En caso de controversia, el que ellas sean las que redactan el contrato provoca que si éste no ha sido lo suficientemente claro o deja lugar a interpretaciones, la mayoría de las resoluciones legales sean a favor de los asegurados.

El gran problema, desafortunadamente, es que mucha gente compra seguros a ciegas, es decir, sin entender lo que están comprando y si realmente ese producto responde a sus necesidades en particular.

Por otro lado, existen muchos esquemas de mercadeo que no involucran agentes de seguros, por lo cual el cliente decide sin ningún tipo de asesoría. Por ejemplo, los productos que se venden en las ventanillas bancarias como si fueran latas de atún o los comparadores por Internet que sólo se refieren a precio, pero no destacan diferenciadores ni comparan exclusiones, las cuales pueden ser fundamentales y la razón por la cual una aseguradora es más barata que otra.

O bien, hay que decirlo, existen malos agentes de seguros que se preocupan por vender y ganar su comisión, pero no necesariamente por hacer su función principal: asesorar a sus clientes de la manera correcta (se olvidan que si uno lo hace bien, la venta se da solita).

Finalmente, a pesar de estas razones, también tendré que destacar, nuevamente, esa falta de cultura de previsión de la cual hablamos en un principio, que no sólo afecta a las personas, sino también a las empresas. Por ello, muchas veces se fijan únicamente en un aspecto —el precio — y descuidan todas las demás variables que en el caso de los seguros pueden ser aún más importantes.

Entender esto es fundamental. Si uno quiere comparar un auto subcompacto que puede costar 150,000 pesos, con un sedán familiar que puede costar arriba de 300,000 pesos, no puede fijarse únicamente en el precio. Se trata de productos muy diferentes, que responden a necesidades distintas. Lo mismo en cuestión de seguros. El automóvil es un bien tangible, mientras que la cobertura en una póliza de seguros es intangible. Precisamente por eso uno debería tener mucho más cuidado a la hora de elegir. En las siguientes entregas seguiremos desmitificando los seguros.

Asimismo, desconfían de las aseguradoras aun sin saber cómo funcionan, gracias a mitos que paulatinamente se han arraigado en la sociedad, los cuales se han convertido en “pretextos” para no adquirir la protección que necesitamos.

Por ello, mucha gente ha perdido todos sus bienes: sus casas en un desastre natural (como vemos en la televisión todos los años en México), o su patrimonio completo por una enfermedad crónica que requiere tratamientos costosos.

Otros dejan desprotegida a su familia, pues de repente fallecen a causa de un accidente y al día siguiente no hay dinero, porque son el sostén de la familia.

En la primera parte hablamos de uno de los grandes mitos, respecto del hecho de que los seguros son complicados de entender. Ahora veamos otras dos creencias falsas, que son muy comunes:

Mito 2. Los seguros son muy caros y las aseguradoras se enriquecen a costa de nosotros.

Mucha gente lo cree; sin embargo, esto es muy alejado de la realidad. Trataré de explicar porqué.

Si usted se pone a revisar las estadísticas del mercado, se dará cuenta de que la siniestralidad que existe en pólizas de seguros de automóviles y de gastos médicos mayores (dos de los productos más vendidos) es muy alta.

Si añadimos a esto los gastos de operación de las compañías de seguros y las comisiones que pagan a sus agentes, por lo general el margen de utilidad que tienen estos productos es muy bajo. Muchas veces llega a ser negativo; es decir, generan pérdidas.

No obstante, también es cierto que hay de todo. Sí hay en el mercado algunos productos caros, y son curiosamente los que a veces percibimos como “de bajo costo”.

Por ejemplo, aquellos que se nos ofrecen a través de tarjetas de crédito o de la factura del celular pueden ser muy onerosos: suelen cubrir muy poco (las sumas aseguradas son bajísimas y completamente insuficientes), mientras que la prima comparativamente es muy alta.

Recordemos que el costo del seguro es una relación entre la prima y la cobertura que nos brinda.

Por ello, no hay que ver sólo la prima de manera independiente como parámetro de precio, sino la relación que existe de costo-beneficio, como en todo.

Mucha gente pierde esto de vista. En mi experiencia he visto cómo empresas contratan límites bajísimos en pólizas de responsabilidad civil, que las dejan muy vulnerables en caso de que algo grave suceda.

Sin embargo, también he visto muchas personas que compran en su seguro de vida una cifra que no le alcanzará a su familia ni para empezar. O con coberturas únicamente de muerte accidental, dejando excluidas causas naturales. Todo por ahorrarse dinero y por no entender lo que están adquiriendo.

Mito 3. Las aseguradoras nos dan 30 días de “gracia” para pagar la prima.

Esto ha cambiado ya desde hace tiempo. El plazo para pagar la prima se puede pactar entre el cliente y la compañía de seguros, y pueden ser entre tres y 30 días a partir del inicio de vigencia.

Pero lo que poca gente sabe es que este plazo aplica únicamente cuando la prima se paga de manera anual, o bien para el primer recibo en caso de pago fraccionado.

Los demás recibos se tienen que pagar antes de su fecha de vencimiento.

Es importante mencionarlo porque, por ley, cuando un recibo de primas no es pagado en tiempo, la cobertura deja de ser válida de manera automática. Es decir: se pierde toda la protección de nuestra póliza.

Por lo tanto, es importantísimo cuidar esto, ya que de lo contrario quedamos completamente en el limbo: desprotegidos. Muchas veces es ahí cuando cae el siniestro, y lamentablemente en estos casos la aseguradora tiene todo el derecho de rechazar una reclamación.

En esta serie de colaboraciones hemos hablado de grandes mitos de los seguros, creencias falsas que son muy comunes y que tienen que ver con la enorme falta de previsión que existe en nuestro país.

Mito 4. Las aseguradoras buscan cómo no pagar. Si no existieran los siniestros, tampoco existirían las compañías de seguros. Si lo vemos de esta manera, los siniestros son la razón de ser de éstas. Pero, además, las compañías de seguros están sujetas a la vigilancia estrecha de las autoridades financieras, como la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas y la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), quienes llevan y publican estadísticas del sector que podrían poner en evidencia estas situaciones.

Por tal motivo, las compañías de seguros no pueden implementar, como tal, una política de no pago. Simplemente no es posible. Pero hay dos cosas que sí suceden en torno a los siniestros:

1) Falta de capacidad y profesionalismo del personal de atención al público en las áreas de siniestros de algunas aseguradoras. Esto a veces genera falta de criterio en la determinación de cobertura y una atención deficiente hacia el asegurado, a quien muchas veces no se le explica cuáles son los pasos para llevar su reclamación a buen puerto.

2) Intentos de fraude. Los intentos de fraude en contra de compañías de seguros se han incrementado de manera alarmante, no sólo en México sino en todo el mundo. Eso ha generado que las compañías establezcan sistemas de monitoreo y un escrutinio mucho más profundo que aquellos eventos que puedan resultar raros o que pueden tener un monto importante.

Por eso a veces parece que se nos pide una documentación excesiva, o incluso se nos llega a cuestionar sobre algunas situaciones que pueden resultar, a los ojos de la aseguradora, confusas. Es decir, los intentos de fraude afectan a todos y más a nosotros como clientes. Por ello, hay que tener paciencia. La asesoría de nuestro agente de seguros, que conoce al personal dentro de las aseguradoras, puede ser fundamental.

Recordemos también que las aseguradoras están sujetas al escrutinio público, es decir, a lo que la gente habla acerca de ellas. Les conviene dar el mejor servicio que puedan y pagar las reclamaciones en tiempo y forma, ya que de lo contrario generan experiencias negativas que se transmiten de boca en boca, a veces hasta convertirse en nuevos mitos urbanos.

Mito 5. Todas las compañías son iguales. En realidad hay diferencias significativas entre las distintas compañías de seguros, no sólo en cuanto a productos y coberturas, sino también en cuanto a servicio y capacidad financiera, situaciones que también debemos evaluar al momento de contratar un seguro.

Por otro lado, la Condusef hace públicas las estadísticas de reclamaciones que ha recibido por parte de los usuarios, así como las resoluciones satisfactorias que se han tenido, entre otros datos que se pueden encontrar en el Buró de Entidades Financieras. Aunque contiene información útil, hay que usarlo con cuidado y con criterio. Por ejemplo, no todas las compañías tienen una evaluación de sus productos y en cuanto a las que tienen la calificación asignada por la comisión esto no tiene nada que ver con si el producto es bueno o malo en cuanto a sus coberturas o condiciones, ni siquiera respecto del precio, sino con otros puntos como observaciones que el organismo ha hecho a la aseguradora, controversias que han existido y otros criterios, algunos de los cuales son unilaterales. En otras palabras, un producto malo y caro puede estar mejor calificado que uno que sea amplio y a un precio justo.

Es fundamental comprender que existen productos muy diferentes en el mercado, unos más restrictivos que otros. Hay pólizas más confusas y otras que son más sencillas de leer. No es fácil que podamos compararlos, pero éste es trabajo de nuestro agente de seguros, quien debe explicarnos las ventajas y las desventajas que tiene cada compañía.

Recordemos que como mencionamos en el primer artículo de esta serie, el costo del seguro no es únicamente el precio, sino la relación entre la prima que se nos cobra y la cobertura que se nos brinda.

Es decir: hay que buscar tener una buena relación precio-calidad, como en cualquier otro producto que compramos. Cotiza y compra un seguro ahora mismo en bajatuseguro.com

Fuente: eleconomista.com.mx

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